Portada de Cars on Fire.
Cars on Fire
(NY, Open Letter, 2020)

Quince cuentos que pueden ser los papeles de la vieja escritora que murió en el segundo cuento, o no. Si no son los papeles de la escritora vieja y amargada, bien pueden ser los papeles de la escritora joven que se enamora de la escritora vieja en el último cuento, o no. Si no se identifican como los papeles de la joven escritora puede que sea porque se cambió de sexo y de nombre, o no. Si ninguna de ellas se cambió de sexo y de nombre, puede que los cuentos se refieran a que las dos son inmigrantes, o no. 

Si no se trata de inmigrantes, los cuentos hablan del país de donde vienen las escritoras, o no.  También es un libro de venganza y amor, o no. 

 
Portada de Alias el Rucio
Alias el Rucio
(Chile, Sangría Editora, 2015)

Alias el Rucio es una variación de Alias el Rocío, o no. Está protagonizada por dos hombres que planean un documental, en busca de la identidad de una persona enferma, momificada y desaparecida que en todos los archivos tiene el nombre de Rucio o Rocío. A partir de los mismos fotogramas de la película aparecen los posibles relatos del montaje, del guión, de los extras, del discurso médico, de lo espectral y de los derechos animales, hasta hacer colisionar el neobarroco con el discurso de la producción, el Fausto de Goethe con Los nueve libros de la historia, Bernhard con las cosmogonías mapuche y egipcia, para señalar así que el lugar de la tradición no es lo cosmopolita, lo docto ni lo abstracto, sino la intensidad de los relatos locales, sus juegos corpóreos y la profundidad de una denuncia política.

 
Portada de Alias el Rocío
Alias el Rocío
(Costa Rica, Lanzallamas, 2014)

Alias el Rocío está protagonizada por dos hombres que planean una película documental en busca de la identidad de una persona enferma, momificada o desaparecida, que en todos los archivos tiene el nombre de Rocío. A partir de los mismos fotogramas de la película, sus páginas exploran las posibilidades narrativas del montaje, con la intervención de los productores, los extras de la película, el discurso médico, la fantasmagoría, los animales disecados y el guión audiovisual hasta hacer colisionar la historia literaria con otras literaturas clásicas. 

   Mediante una propuesta radicalmente post-humana, esta novela es una renovación de la narrativa neobarroca, reclamando que el lugar de esa tradición no está en lo cosmopolita, lo docto ni lo abstracto, sino en la intensidad de los relatos locales, en los juegos corporales y en la profundidad de la denuncia política. 

 
Portada de Segundos
Segundos
(Chile, Sangría Editora, 2010)

Como hoyos negros que surgen por la muerte de los astros más luminosos de una juventud mal recordada, orbitan en Segundos la iniciación sexual de una tímida adolescente, el aprendizaje de un profesor socialista en el aciago erotismo del campo chileno y la conformación de un grupo neonazi de escolares que también es un equipo deportivo, una banda que trafica droga, una asociación católica. Esta primera novela de Mónica Ríos es un coro de voces que ensaya innúmeras versiones de un crimen que no origina culpables ni víctimas, sólo fantasmas.